Frankenstein

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Autor: Mary Shelley
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(Posibles spoilers a partir de aquí)

Frankenstein: Mucho más que una historia de terror

Cuando piensas en Frankenstein, probablemente te venga a la mente la imagen de un monstruo verde con tornillos en el cuello, ¿verdad? Pues déjame contarte que la novela original de Mary Shelley, publicada en 1818, es muchísimo más profunda e interesante de lo que las películas de Hollywood nos han hecho creer.

Una novela nacida de una pesadilla

La historia de cómo se escribió Frankenstein es casi tan fascinante como la propia novela. Todo empezó en el "verano sin sol" de 1816, en Villa Diodati (Suiza), cuando Lord Byron retó a sus invitados a escribir una historia de terror. Mary Shelley, entonces de solo 18 años, tuvo una pesadilla donde vio a un "pálido estudiante de artes oscuras arrodillado frente al ente que acababa de crear". De ahí nació la novela.

Lo que Shelley creó fue una obra que mezcla el gótico tardío (con esos paisajes solitarios y ese terror sublime) con el Romanticismo (con toda esa emoción desbordada y la ambición desmedida). Pero lo más importante es que, sin saberlo, estaba inventando la ciencia ficción.

Por qué es la primera novela de ciencia ficción

Aquí está la clave: en Frankenstein, la creación de vida no se consigue mediante magia o brujería, sino mediante ciencia. Victor Frankenstein utiliza el galvanismo y los principios de la electricidad, conceptos científicos reales de la época.

Mary Shelley se inspiró en experimentos reales de científicos como Luigi Galvani y Giovanni Aldini, que usaban corrientes eléctricas para hacer que se movieran tejidos muertos o músculos de cadáveres. En el siglo XIX, la electricidad se veía como una posible manifestación del "principio vital".

El subtítulo de la obra, El moderno Prometeo, deja claro que estamos ante una tragedia filosófica. Como el titán griego que robó el fuego de los dioses, Victor roba el secreto de la vida, y su castigo es brutal: ver morir a todos sus seres queridos.

El verdadero monstruo de la historia

Aquí viene lo más interesante: el verdadero monstruo no es la Criatura, sino Victor.

El acto de transgresión no es crear vida, sino lo que Victor hace después: abandona inmediatamente a su creación porque se horroriza con su aspecto (piel amarillenta, ojos llorosos, labios oscuros). Su rechazo es puramente estético, una reacción visceral que anula toda su responsabilidad moral.

La novela nos enseña una lección brutal: "crear y no cuidar es otra forma de destruir".

Para colmo, Victor se convierte en el verdadero "monstruo moral" cuando permite que ejecuten a la sirvienta Justine Moritz por un crimen que cometió la Criatura, solo para guardar su secreto. Ahí es nada.

Una estructura narrativa brillante

La novela tiene una estructura de "caja china" con tres narradores superpuestos que va del exterior al interior:

Este es el punto clave: la novela favorece claramente la crianza sobre la naturaleza. La Criatura no nació mala, la hicieron mala. Está condenada a ser eternamente "el otro", el excluido, el que ni siquiera merece un nombre propio.

Una crítica feminista adelantada a su tiempo

Mary Shelley era hija de Mary Wollstonecraft, una de las primeras pensadoras feministas. Y eso se nota en la novela.

Desde la crítica feminista, la creación de Victor se puede interpretar como una "usurpación masculina de la creación de vida". Es un hombre intentando crear vida sin necesidad del cuerpo femenino, ejerciendo un "bio-poder" que no le corresponde.

No es casual que todos los personajes femeninos de la novela (Elizabeth, Justine, la madre de Victor) mueran o sean sacrificados. Es una crítica punzante al poder patriarcal.

Por qué sigue siendo relevante hoy

Dos siglos después, Frankenstein sigue siendo tremendamente actual. ¿Por qué? Porque plantea las mismas preguntas que nos hacemos hoy sobre:

La novela nos advierte: si en la búsqueda de la gloria tecnológica olvidamos la humanidad y la responsabilidad, crearemos monstruos. Y la historia termina con la destrucción mutua de creador y criatura, sellando la idea de que la tecnología sin moralidad conduce a la aniquilación.

La gran confusión cultural

Por cierto, un apunte importante: Frankenstein es el científico, no el monstruo. La Criatura nunca tiene nombre en la novela.

Y aquí viene lo irónico: que la gente llame "Frankenstein" al monstruo en lugar de al científico subraya perfectamente el tema central de la obra. El horror no está en la creación, sino en la irresponsabilidad del creador.

Además, olvida la imagen del monstruo torpe y verde de las películas. En la novela original, la Criatura es articulada, pensante, sensible y elocuente. Aprende por sí misma, lee libros clásicos (el Paraíso perdido de Milton, nada menos) y habla con una elocuencia que deja en ridículo a muchos personajes humanos.

¿Por qué deberías leerla?

Frankenstein no es solo una novela de terror. Es una reflexión profunda sobre la responsabilidad, el abandono, la otredad, el poder y los límites de la ciencia. Es la primera novela de ciencia ficción y sigue siendo una de las más importantes.

Si la has evitado porque pensabas que era solo una historia de monstruos, te estás perdiendo una obra maestra que plantea preguntas que seguimos sin saber responder. Y que, en plena era de la inteligencia artificial y la edición genética, resulta más necesaria que nunca.